Agosto fue un mes de celebración; de celebrar a Panamá, su cultura, historia y gastronomía.

El mes cerró con muchas actividades en distintos rubros, pero como saben, la gastronomía es lo mio, y cuando vi esta oportunidad no pude pasarla por alto.

Hernán Correa, chef de Riesen, celebró a Panamá con una cena con invitados de lujo: Cuquita Arias, Charlie Collins, Jorge Jurado, Francisco Castro, Domingo de Obaldía y Ma. Laura Pezzoti.

Desde que me baje del carro, el olor a leña llenaba toda la calle. Los chefs prepararon un meñú a tiempos en el que los sabores de la infancia de los panameños eran el principal invitado. Cada plato, elaborado con técnicas de alta cocina, pero resaltando la comida típica de nuestra tierra.

Este es el resumen de mi noche en Riesen.

El menú comenzó con una torrejita de maíz como "amuse bouche" o pequeña entrada para preparar el paladar. Seguido del ceviche de Pez León.

Continuamos los platillos con el tenderete de tasajo, en representación a la manera en la que en el interior se cuelgan las carnes para secado y ahumado. La presentación divina y con un pedacito de leña encendida para seguir ahumando mientras lo tenías en la mesa, acompañado de un guiso ahumado también.

Uno de mis platos favoritos fue el plantintá de langosta con holandesa de aguacate. La presentación con colores vivos llamó mucho la atención.

Luego de este plato, pasamos a probar el tamal de plátano maduro en hoja de tallo ahumado. El plato venía con un picante de ají chombo fermentado, que complementaba los sabores de este platillo.

Ya llegamos a la mitad del menú degustación; y en este momento nos piden que rompamos el servicio y salgamos al patio para el siguiente plato.

En el patio, tenían la estación de ahumados que habían estado utilizando los chefs desde hace horas para preparar estos platillos.

Tal cual en el interior, cada uno pasó por donde estaban sirviendo el guachito de frijol chiricano, con chicharrón y cochinillo a la inversa y se comió de pie. Una experiencia que hace años no tenía.

Debo decir también, que quedé oliendo a leña por dos días, y no podía estar más feliz.

Para cerrar los platos salados, pasamos a degustar el sancocho de gallina de patio en fogón de leña de nance.

Para limpiar el paladar, nos dieron un sorbeto de zapote.

El postre fue la mamallena de la Abuela Ligia, con un helado de Ron Abuelo 12, caramelo salado cocido sobre las brasas.

Para terminar la noche, nos llevamos a casa los petit fours de Lali. Que incluían una cocadita, un suspiro y un huevito de leche.

Quiero felicitar a todos los chefs que formaron parte de esta cena.

Lo cierto es que la gastronomía panameña esta en un momento clave. Y la relación que hay entre los chefs es realmente importante para colaboraciones y exposición como esta cena.

Como siempre,

Tripeando la vida,

Ana P.